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Qué es la resistencia a los antibióticos y cómo combatirla

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Qué es la resistencia a los antibióticos y cómo combatirla

Penélope Cabezalí Esteban

Penélope Cabezalí Esteban

Farmacéutica del Servicio de Información Técnico Profesional COFM

Los antibióticos han sido uno de los mayores avances de la medicina. Gracias a ellos, hoy podemos tratar con éxito muchas infecciones que hace apenas unas décadas eran una causa frecuente de muerte. Sin embargo, su eficacia se encuentra cada vez más amenazada por la aparición y propagación de bacterias resistentes.

La resistencia aparece cuando las bacterias desarrollan o adquieren mecanismos que les permiten sobrevivir o multiplicarse a pesar de la presencia de un antibiótico que anteriormente era eficaz frente a ellas.  Como consecuencia, algunas infecciones se vuelven más difíciles de tratar y pueden requerir otros antibióticos, tratamientos más prolongados u otros medicamentos.

La aparición de resistencias forma parte de la propia evolución de las bacterias. El problema es que el uso excesivo o inadecuado de los antibióticos acelera la selección y propagación de aquellas bacterias capaces de sobrevivir a su acción. La utilización de antibióticos cuando no son necesarios o de forma incorrecta continúa siendo uno de los principales factores que favorecen el desarrollo de resistencias.

Las consecuencias van más allá de que un determinado antibiótico deje de funcionar. Una infección causada por una bacteria resistente puede ser más difícil de tratar, prolongar la enfermedad y el ingreso hospitalario y aumentar el riesgo de complicaciones. Además, disponer de antibióticos eficaces resulta fundamental para poder realizar con seguridad muchas intervenciones médicas en las que existe riesgo de infección.

A esta situación se sume el limitado desarrollo de nuevos antibióticos. Además de continuar investigando nuevas alternativas, es necesario conservar durante el mayor tiempo posible la eficacia de los antibióticos que ya tenemos. No se trata de dejar de utilizarlos, sino de hacerlo cuando realmente son necesarios y de forma adecuada.

Frenar la resistencia a los antibióticos requiere la implicación tanto de profesionales sanitarios como de la población. En este contexto, el farmacéutico comunitario desempeña un papel esencial promoviendo el uso responsable de estos medicamentos, reforzando la adherencia a los tratamientos y contribuyendo a la educación sanitaria de la población.

Cómo se desarrolla la resistencia bacteriana

Las bacterias tienen una gran capacidad de adaptación y pueden desarrollar diferentes mecanismos para sobrevivir a la acción de los antibióticos. La resistencia puede ser natural o intrínseca, propia de determinadas especies bacterianas, o adquirida, cuando una bacteria inicialmente sensible adquiere mecanismos que le permiten resistir a la acción de un antibiótico.

La resistencia adquirida puede aparecer por mutaciones en el material genético de la propia bacteria o mediante la adquisición de genes de resistencia procedentes de otras bacterias. Este intercambio de información genética facilita que las resistencias puedan propagarse rápidamente entre diferentes poblaciones bacterianas.

Una vez que la bacteria es resistente, puede utilizar diferentes mecanismos para impedir que el antibiótico ejerza su acción.

  • Uno de ellos es la inactivación del antibiótico mediante enzimas producidas por la propia bacteria. El ejemplo más conocido son las betalactamasas, capaces de inactivar determinados antibióticos betalactámicos e impedir que puedan ejercer correctamente su acción.
  • Otro mecanismo consiste en impedir que el antibiótico llegue hasta su lugar de acción. La bacteria puede modificar determinadas estructuras que dificultan su entrada o llevar a cabo mecanismos de expulsión activa, evitando que el antibiótico alcance una concentración suficiente para poder actuar.
  • El tercer mecanismo consiste en la modificación de la propia diana sobre la que actúa el antibiótico. Si esa diana cambia, el medicamento puede tener dificultades para reconocerla o unirse a ella y, en consecuencia, perder eficacia.

Estos mecanismos pueden aparecer de manera aislada o combinarse entre sí. Una misma bacteria puede desarrollar diferentes mecanismos frente a uno o varios antibióticos y llegar a convertirse en multirresistente, reduciendo las opciones disponibles para tratar una infección.

El uso de antibióticos influye directamente en este proceso. Al administrar un antibiótico, las bacterias sensibles a su acción son eliminadas, mientras que aquellas que presentan mecanismos de resistencia pueden sobrevivir y continuar multiplicándose. Es lo que se conoce como presión de selección y explica por qué el uso innecesario o inadecuado de estos medicamentos favorece el desarrollo y la propagación de resistencias.

Estrategias para combatir la resistencia

La resistencia a los antibióticos es un problema mundial que requiere la participación de las administraciones, los profesionales sanitarios y la población. Para hacer frente a este problema es necesario prevenir las infecciones, vigilar la aparición de resistencias, mejorar el uso de los antibióticos y fomentar la investigación de nuevos tratamientos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó en 2026 la actualización de su Plan de Acción Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos para el periodo 2026-2036, que continúa las actuaciones desarrolladas durante los últimos años y establece nuevos objetivos para hacer frente a este problema. Entre sus prioridades se encuentran la prevención de las infecciones, el uso responsable de los antimicrobianos, la vigilancia y la investigación.

La Unión Europea también lleva años poniendo en marcha medidas para hacer frente a este problema. Una de sus principales recomendaciones es promover un uso prudente de los antibióticos, evitando tratamientos innecesarios y utilizándolos de forma correcta cuando estén indicados.  

En España, estas actuaciones se desarrollan principalmente a través del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). El actual PRAN 2025-2027 continúa las actuaciones desarrolladas durante los últimos años para mejorar el uso de los antibióticos y reducir la aparición y propagación de resistencias.

Los resultados de los últimos años muestran una evolución positiva. En 2025, el consumo de antibióticos en España descendió un 5,1 % respecto al año anterior, mientras que desde 2015 la reducción se acerca al 19 %. Aun así, reducir el consumo no es suficiente. También es necesario utilizar mejor los antibióticos, seleccionando el tratamiento más adecuado para cada situación. No se trata simplemente de utilizar menos antibióticos, sino de conseguir que se utilicen cuando realmente son necesarios y de la forma adecuada.

También forman parte de esta estrategia los Programas de Optimización del Uso de los Antibióticos (PROA), la vigilancia del consumo, la Guía Terapéutica Antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud y las campañas de formación y sensibilización dirigidas a sanitarios y a toda la población.

Una medida reciente que tiene una relación muy directa con la farmacia ha sido la adecuación de los formatos de determinados antibióticos a la duración habitual de los tratamientos. En abril de 2026, la AEMPS estableció la adecuación progresiva del tamaño de algunos envases a la duración de los tratamientos habituales. El objetivo es evitar que, una vez terminado el tratamiento, queden antibióticos sobrantes en los domicilios que puedan usarse posteriormente por iniciativa propia. Durante un período de transición, convivirán algunos formatos, pero los envases de mayor tamaño afectados por esta medida irán desapareciendo progresivamente.

El papel de la farmacia frente a las resistencias

La farmacia comunitaria tiene un papel importante frente a la resistencia a los antibióticos, sobre todo por su cercanía al paciente. Muchas veces es en la propia farmacia donde surgen las dudas sobre estos medicamentos o donde se detectan algunos de los errores más habituales en su utilización.

Una de las situaciones con las que puede encontrarse el farmacéutico es la solicitud de un antibiótico sin receta. Puede ocurrir porque ya lo ha tomado anteriormente para unos síntomas parecidos, porque conserva restos de un tratamiento anterior o porque considera que puede necesitarlo para un resfriado o una gripe. En estos casos, no dispensar el antibiótico es solo una parte de la actuación farmacéutica. También es importante explicar por qué no está indicado y, cuando sea necesario, derivar al paciente para que reciba una valoración médica.

Cuando el antibiótico está prescrito, la dispensación ofrece otra oportunidad para intervenir. Comprobar la pauta, asegurarse de que el paciente sabe cómo debe tomar el medicamento y resolver las dudas que puedan surgir puede ayudar a prevenir errores durante el tratamiento. También es importante recordar que no debe modificar la pauta por su cuenta, aunque empiece a encontrarse mejor, ni utilizar posteriormente los antibióticos que puedan quedar en casa.

La prevención también forma parte de la lucha contra las resistencias. Evitar infecciones mediante medidas sencillas de higiene contribuye a disminuir la necesidad de utilizar antibióticos y, con ello, el uso innecesario de esos medicamentos.

Otro aspecto importante son los antibióticos que quedan en casa una vez finalizado el tratamiento. No deben guardarse para utilizarlos en otra ocasión ni compartirse con otras personas, sino depositarse en el Punto SIGRE de la farmacia. Precisamente, una de las medidas adoptadas por la AEMPS ha sido adecuar determinados formatos de antibióticos a las pautas habituales de tratamiento, con el objetivo de reducir los excedentes en los hogares y evitar su posterior utilización sin prescripción.

La farmacia es además un buen lugar para informar y concienciar sobre el problema de las resistencias. No se trata solamente de recordar que los antibióticos necesitan receta, sino de explicar por qué no son siempre necesarios y por qué utilizarlos correctamente ayuda a conservar su eficacia.

La farmacia comunitaria tiene mucho que aportar. Informar al paciente, evitar la automedicación, resolver dudas, comprobar el correcto de los tratamientos y detectar posibles problemas son actuaciones que forma parte del trabajo diario del farmacéutico y que pueden contribuir a frenar la aparición de resistencias. Porque tan importante como disponer de nuevos antibióticos es conseguir que los que ya tenemos sigan siendo eficaces.  

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