Impacto psicológico de los incendios forestales
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Los incendios son eventos potencialmente traumáticos y en muchos casos con consecuencias psicológicas significativas, incluso en aquellas personas que no sufrieron afectaciones físicas directas. Más allá de la pérdida de miles de hectáreas, fauna y patrimonio natural y particular, las llamas dejan un rastro silencioso pero igual de destructivo, el daño psicológico y social que sufren las personas y comunidades afectadas.
Estas consecuencias, derivan de la experiencia del trauma, la pérdida del hogar y de las pertenencias, la pérdida de seres queridos, la alteración del paisaje, la incertidumbre y el cambio brusco de la vida diaria que estos eventos catastróficos conllevan.
A corto plazo nos encontramos con:
- Miedo y pánico: sensación de peligro constante y shock al recordar el avance de las llamas.
- Problemas de sueño: insomnio y pesadillas frecuentes relacionados con la emergencia vivida.
- Hipervigilancia: Estar muy alerta ante cualquier ruido, olor a humo o cambio de clima.
- Desorientación y sensación de irrealidad.
Los impactos más importantes a medio y largo plazo son:
- Estrés postraumático (TEPT): especialmente en personas que perdieron hogares, seres queridos o fueron evacuadas.
- Ansiedad y depresión: por la pérdida, la incertidumbre, el miedo y la interrupción de la vida diaria.
- Problemas de sueño y alimentación.
- Hipersensibilidad a estímulos relacionados con el incendio y el suceso traumático vivido.
- Duelo: por la pérdida de propiedades, recuerdos y el cambio en el paisaje.
- Tristeza profunda por la pérdida de la casa, los bienes o el paisaje natural, acompañada de desesperanza sobre el futuro.
- Impacto en población infantil: pueden manifestar irritabilidad, retraimiento social, problemas de sueño, pesadillas y disminución del rendimiento escolar.
- Sentimientos de indefensión ante futuros veranos, asociando el calor con peligro.
- Culpa del superviviente en quienes han salido ilesos mientras vecinos o familiares han perdido más.
- En algunos casos conlleva la reactivación de traumas anteriores.
Hay que tener en cuenta que no todas las personas reaccionan igual. Son más vulnerables a sufrir secuelas:
- Niños y adolescentes.
- Personas mayores con movilidad reducida.
- Quienes ya tenían problemas de salud mental previos.
- Personas que han sufrido incendios anteriores.
Algunas de las estrategias para afrontar el impacto psicológico de los incendios forestales son:
- Recibir primeros auxilios psicológicos: nos proporcionarán calma, seguridad y contención emocional.
- Escucha activa y validación emocional por parte de profesionales sanitarios, facilitando la ventilación de sentimientos.
- Normalización de reacciones ante el estrés, explicando que los síntomas que se tienen o sienten son esperables tras un suceso extremo.
- Recibir orientación práctica sobre recursos comunitarios, redes de apoyo.
- Detección temprana de casos de riesgo y derivación a profesionales especializados: la terapia psicológica especializada puede prevenir la cronificación del malestar.
- Fortalecer la red social: mantener contacto con amigos, familiares y vecinos ayuda a recuperar la sensación de seguridad.
- Practicar técnicas de autorregulación: respiración profunda, meditación guiada, etc.
- Participar en la reconstrucción: implicarse en proyectos comunitarios de recuperación del entorno ayuda a canalizar la energía hacia el sentido de propósito.
El acompañamiento psicológico debe integrar la atención inmediata (primeros auxilios psicológicos, escucha activa y contención), la atención a medio plazo (derivación de casos de riesgo y seguimiento) y la prevención de efectos a largo plazo (resiliencia comunitaria, campañas de apoyo y reconstrucción del sentido de pertenencia).
Hay que recordar, que no solo arden los bosques y las casas: también se rompen identidades, vínculos comunitarios y memorias colectivas. Reconocer el impacto psicológico de los incendios forestales, pedir ayuda y fortalecer la resiliencia comunitaria son pasos esenciales para reconstruir no solo lo que se ve, sino también lo que se siente.
Recuerda:
- Date un tiempo para adaptarte: es un momento difícil en tu vida. Permítete llorar las pérdidas y pide apoyo a las personas que se preocupan por ti y que escucharán tus preocupaciones así como a tus profesionales sanitarios de confianza.
- Trata de limitar las noticias que recibes, ya sea a través de Internet, en la televisión u otros medios de comunicación. Estar sobreexpuesto a las noticias puede elevar tu nivel de estrés.
- Infórmate sobre grupos de apoyo locales, especialmente, aquellos que estén dirigidos por profesionales especializados.
- Lleva a cabo hábitos y comportamientos saludables para mejorar tu capacidad de manejar el estrés. Si tienes problemas de sueño, las técnicas de relajación pueden ser de gran utilidad. Evita el alcohol u otras drogas, en lugar de ayudarte a manejar o reducir tu angustia, contribuyen a intensificar tu dolor emocional y/o físico y pueden reprimir tus sentimientos.
- Pasa más tiempo con los niños durante los meses posteriores al incendio. El afecto puede ser reconfortante para los y las menores que han experimentado un trauma. Mantén horarios, rutinas y hábitos regulares, restaurando la sensación de seguridad y normalidad.
- Mantén una alimentación equilibrada y realiza actividad física moderada para ayudar a liberar tensiones.
- Evita tomar decisiones importantes (cambiar de empleo, hacer compras grandes, o hacer cambios en tus relaciones personales). Estas actividades tienden a ser sumamente estresantes y pueden agravar tu situación actual.
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