Cómo detectar medicamentos falsificados en internet
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El desarrollo tecnológico y la expansión del comercio electrónico han propiciado la aparición progresiva de una nueva amenaza para la salud pública a nivel global: la presencia en el mercado de medicamentos falsificados. Actualmente esta amenaza afecta principalmente a los medicamentos caros y con mayor demanda, a esteroides para el desarrollo de la musculatura, a potenciadores de la actividad sexual y a complementos alimenticios de todo tipo (sobre todo aquellos relacionados con la supuesta curación de patologías como el cáncer o la mejora de las disfunciones sexuales). En época de pandemia proliferaron medicamentos falsificados e ilegales relacionados con la COVID-19 y recientemente está ocurriendo algo parecido con los productos a base de semaglutida para la pérdida de peso o la toxina botulínica para uso estético. Estos productos y sus patologías asociadas a menudo suelen ser fruto de numerosas búsquedas en internet y en muchos casos los medicamentos que se quieren conseguir no pueden adquirirse fácilmente a través de los cauces legales sin la pertinente receta médica, estas condiciones desplazan la adquisición de estos medicamentos hacia portales web no autorizados y sin garantías. La gran mayoría de los casos de falsificación se han detectado en la cadena de suministro ilegal, ya que estas operan de forma deliberada al margen de la legislación aplicable.
Prácticas deficientes de fabricación
Los medicamentos falsos son aquellos que se hacen pasar por medicamentos reales, legales y aprobados por las autoridades sanitarias. Sin embargo, al no ser esto cierto, evadir las normativas de aplicación y no haber demostrado una calidad, seguridad y eficacia suponen una amenaza para la salud. Al hablar de medicamentos falsificados estamos hablando de productos que se han elaborado siguiendo prácticas deficientes de fabricación, con controles de calidad inadecuados, empleando principios activos y excipientes de baja calidad y en dosis incorrecta, conteniendo contaminantes o sustancias tóxicas, con envases y prospectos que mienten sobre su composición y procedencia, que pueden resultar ineficaces o directamente dañinos y que han sido transportados sin las mínimas exigencias de salubridad y de control de condiciones ambientales. En definitiva, hablamos de medicamentos cuya identidad, composición o procedencia ha sido deliberadamente manipulada y han sido producidos y distribuidos con la intención de engañar al consumidor y obtener un provecho económico sin importar calidad, eficacia o seguridad.
Estos problemas afectan más directamente a los países donde la población no tiene un correcto acceso a la atención de la salud o donde no existe una cobertura sanitaria pública y de calidad. En definitiva, un sistema sanitario no accesible para todo el mundo o un acceso caro y limitado a la prestación farmacéutica predispone al aumento del comercio en línea de medicamentos en sitios web no autorizados. Aun así, el comercio electrónico cruza fronteras, y es por esto que todos los países corren el riesgo de tener medicamentos falsificados en su mercado.
Precauciones
Para adquirir, por tanto, medicamentos de forma segura es necesario tomar una serie de precauciones:
Los medicamentos podrán comprarse o adquirirse de forma presencial en la amplia red de farmacias que inunda el territorio nacional, mediante la pertinente receta si fuera necesario o mediante la indicación y asesoramiento del farmacéutico en caso de que la receta no fuera necesaria. La gran capilaridad del modelo español de farmacia permite que prácticamente toda la población tenga un acceso medianamente sencillo a su profesional farmacéutico y, aun así, desde las administraciones se trabaja conjuntamente con los profesionales en el desarrollo normativo de modelos que faciliten aún más el acceso a todos esos pacientes y usuarios que por sus condiciones particulares no pueden acudir por sí mismos a una farmacia, como sería el caso de la atención farmacéutica domiciliaria.
Además, si se decidiera optar por la adquisición de los medicamentos a través de internet, deberá hacerse siempre a través de las páginas web autorizadas de las oficinas de farmacia, la única vía legal de venta en línea de medicamentos de uso humano. Únicamente está autorizado adquirir por esta vía fármacos de uso humano que no requieran receta médica, no siendo posible por tanto adquirir a través de internet medicamentos que si requieran prescripción médica. Para facilitar a los usuarios la tarea de discernir que sitios web si son legales, la legislación establece que todas las farmacias registradas para la venta a distancia de medicamentos sin prescripción deben utilizar y exhibir un logotipo común, que sirve para verificar su legalidad. Este símbolo consiste en un rectángulo con franjas horizontales verdes y una cruz blanca situada en la mitad izquierda a la altura de la franja central. En la parte inferior se sitúa la bandera del país donde está registrada la farmacia para esta actividad y si se pincha en el logotipo, este redirige hacia la página oficial de la autoridad sanitaria donde se puede comprobar si la farmacia consta en los listados como sitio web autorizado y legal.
Algo parecido ocurre también con los medicamentos veterinarios, que en muchos casos son objeto de falsificación y de comercialización irregular a través de sitios web ilegales. Dentro de los riesgos derivados del consumo de medicamentos falsificados o ilegales adquiridos a través de internet, se han detectado en algunos casos desviaciones de medicamentos veterinarios que han acabado siendo consumidos por seres humanos. De forma parecida a como ocurre con los medicamentos de uso humano es conveniente remarcar y recordar a la población que la adquisición de medicamentos para nuestras mascotas solo podrá efectuarse legalmente de forma presencial en las entidades autorizadas para ello (oficinas de farmacia, entidades comerciales detallistas, agrupaciones ganaderas o el cuarto canal) y que únicamente los medicamentos veterinarios no sujetos a prescripción podrán comprarse legalmente a través de las páginas web autorizadas de oficinas de farmacias y comerciales detallistas. De forma parecida a como ocurre con los medicamentos de uso humano, estos sitios web son verificables a través de un logotipo de color azul que conecta con la web del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; donde se puede comprobar que el establecimiento está autorizado para la venta a distancia de medicamentos veterinarios sin receta y que, por tanto, se trata de un canal legal.
Con todo esto, podemos sospechar que estamos adquiriendo un medicamento ilegal o no original si:
- Únicamente puede comprarse a través de páginas web que no muestran el pertinente logotipo diseñado por la Comisión Europea para acreditar su legalidad.
- Estos sitios web no disponen de información sobre los responsables de la página, ni la ubicación o el contacto de la empresa.
- Se ofrecen medicamentos sujetos a prescripción médica y el precio de estos es anormalmente bajo o están disponibles para su venta cuando son difíciles de encontrar en farmacias legales por problemas de desabastecimiento.
- Las plataformas de venta envían anuncios por correo electrónico o aplicaciones móviles y efectúan promociones, ofertas, ofrecen regalos y/o incitan al consumo de medicamentos.
- Además, se pueden encontrar productos milagro o afirmaciones de curación y resultados garantizados sin aval científico y formulado de forma publicitaria.
Si aun así hemos adquirido el medicamento, en muchos casos es el propio envase el que nos puede alertar de que estamos frente a una unidad falsificada. Estos medicamentos falsificados se hacen pasar por productos auténticos, copiando el material de acondicionamiento, la imagen comercial, el logo del laboratorio titular, así como la forma, colores y el aspecto exterior del envase del medicamento original. Además, pueden llegar a emplear el mismo número de lote, fecha de caducidad y otros elementos identificativos del producto auténtico. A pesar de ello, y de que pueden llegar a ser especialmente difíciles de identificar, es común que aparezcan fallos que nos den la pista definitiva de que efectivamente se trata de falsificaciones.
Deberíamos, por tanto buscar: errores ortográficos y/o gramaticales, falta de información que habitualmente aparece en los prospectos (sobre efectos secundarios, contraindicaciones, interacciones…), que la información se encuentre en un idioma distinto al de la web que lo ofrece, la no coincidencia de los números de lote y fecha de caducidad en todos los sitios en los que aparecen referenciados, la unidad recibida no parece estar en buen estado y no tiene el aspecto físico que debiera (color, forma, olor, sabor, textura, ranuras, símbolos, letras, nombres, grabados o impresos en su superficie diferentes de los habituales). Una opción sería comparar el medicamento adquirido con otro comprado anteriormente en un cauce legal, o en caso de ser la primera vez, solicitar ayuda a un profesional farmacéutico para que asesore en la identificación del mismo.
Si por cualquier razón, somos conscientes o tenemos la sospecha de que hemos adquirido y consumido algún medicamento falsificado, deberemos dejar de consumirlo de inmediato, acudir a buscar atención sanitaria y poner este hecho en conocimiento de las autoridades.
El consumo de medicamentos ilegales o falsificados puede tener efectos muy perjudiciales para la salud, en el mejor de los casos puede no producir ningún efecto, pero en otros casos pueden ser responsables del descontrol de la enfermedad, sobredosificación, aparición de reacciones adversas no habituales, intoxicaciones o, incluso, reacciones mortales, por lo que nunca se debe correr el riesgo de adquirir los fármacos en sitios no autorizados.
En España contamos con una amplia red de farmacias y servicios de farmacia hospitalaria que trabajan escrupulosamente dentro de un circuito cerrado y ampliamente regulado. Donde los laboratorios producen medicamentos autorizados, legales, eficaces, seguros y de calidad, que son almacenados y distribuidos siguiendo unas estrictas normas hasta los puntos de dispensación donde son entregados al público con todas las garantías.
A demás debido a los riesgos ya comentados sobre la entrada en el mercado de posibles unidades de medicamentos falsificados y a la necesidad de proteger la salud de todos los pacientes y usuarios, las administraciones públicas han desarrollado normativas que garantizan la legitimidad de cada dosis de medicamento que es consumida. En la Unión Europea se ha desarrollado una amplia actividad regulatoria con el objeto de evitar que los medicamentos falsificados entren en la cadena de suministro legal y lleguen hasta los pacientes. Desde 2019 se exige la presencia de dispositivos de seguridad, consistentes en un identificador único y un dispositivo contra las manipulaciones en el envase de determinados medicamentos de uso humano que permitan su identificación y autenticación. A demás se llevan a cabo constantes campañas de control y supervisión del mercado a fin de detectar productos ilegales y/o no autorizados para proceder a su retirada y prohibición de comercialización.
El auge de las ventas en línea en sitios no autorizados ha venido a agudizar el problema, haciendo que los productos falsificados lleguen más fácilmente a manos del consumidor. Para combatir este fenómeno es preciso educar a la población en la peculiaridad que supone el comercio online de medicamentos, ya que no solo estamos expuestos a estafas económicas como cuando adquirimos cualquier otro producto por internet. Si no que además en este caso, exponemos nuestra salud al consumir un medicamento de dudosa procedencia, composición, calidad, eficacia y seguridad.
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