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Notas de prensa

Cuando el fuego va más allá de lo visible

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Cuando el fuego va más allá de lo visible

Existen impactos indirectos en la salud humana tras un incendio que deben tenerse en cuenta

Los incendios forestales representan una amenaza directa que impacta de diversas maneras en la salud humana (física y psicológicamente), pero además, pueden afectar de forma indirecta ya que provocan una cascada de eventos que transforman los ecosistemas generando diversos efectos sobre el suelo, el agua y la vegetación que también constituyen una amenaza para la salud humana.

La posibilidad de contaminación química y microbiológica del agua tras un incendio puede originarse por la liberación de sustancias derivadas de la combustión y por el arrastre de sedimentos y cenizas hacia las corrientes. Esta posible contaminación de las aguas puede afectar a la vida acuática, a los suministros de agua potable y a los sistemas de tratamiento de aguas residuales. El impacto sobre la calidad del agua puede persistir desde meses hasta décadas, dependiendo de la severidad del incendio, el tipo de vegetación, las características del suelo y el régimen de lluvias post-incendio.

Por otro lado, la erosión y la pérdida de suelo fértil pueden comprometer la seguridad alimentaria de la población afectada. La reducción de la capacidad productiva de la tierra puede llevar a la escasez de alimentos y a la dependencia de suministros externos, afectando la nutrición y el bienestar general de la población a largo plazo.

Las principales preocupaciones sobre la calidad del agua después de un incendio forestal incluyen:

  • Contaminación por metales como cobre, aluminio, bario, manganeso y zinc procedentes de cenizas, suelos y fuentes geológicas. La exposición a niveles elevados de estos metales puede tener efectos neurotóxicos (afectando al sistema nervioso central y periférico), causar problemas renales y hepáticos y provocar trastornos gastrointestinales.
  • El posible aumento de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), bifenilos policlorados (PCB), dioxinas y furanos, derivados de la combustión y la deposición en cenizas y sedimentos. Su consumo a través del agua puede aumentar el riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer y afectar a los sistemas endocrino e inmunológico.
  • Nitratos y nitritos: el aumento de nitratos y otros nutrientes de las plantas (amoníaco y fosfato) liberados por la vegetación quemada y de los retardantes químicos, en altas concentraciones, pueden ser tóxicos para los ecosistemas acuáticos y llegar a ser una preocupación para el agua potable. La ingesta de nitratos es especialmente peligrosa para los lactantes, ya que puede causar metahemoglobinemia, también conocida como "síndrome del bebé azul", una afección que reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. El aumento de nitrógeno y fósforo también puede conducir a la proliferación de algas y cianobacterias que podrían liberar toxinas.
  • De la misma forma, el cianuro liberado tanto por la combustión como por ciertos retardantes es un tóxico que puede interferir con la respiración celular, provocando en cuestión de minutos mareos, confusión y colapso.
  • Riesgos microbiológicos y toxinas biológicas:

    - Proliferación bacteriana: el arrastre de sedimentos y materia orgánica hacia embalses y ríos crea un entorno propicio para la multiplicación de bacterias patógenas. Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades gastrointestinales agudas especialmente si los sistemas de tratamiento de agua potable se ven sobrepasados.

    - Proliferación de algas nocivas (cianobacterias): el exceso de nutrientes (nitrógeno y fósforo) en el agua puede desencadenar la proliferación masiva de cianobacterias. Algunas de estas especies producen potentes cianotoxinas que, al ser ingeridas, pueden causar desde irritaciones en la piel y problemas gastrointestinales hasta daños hepáticos o neurológicos.
  • Además, las cenizas generadas durante el incendio pueden provocar la saturación de las plantas de tratamiento, dificultando los procesos habituales de potabilización y favoreciendo la formación de subproductos tóxicos.

Aunque el peligro del fuego ya ha pasado, la ceniza, el humo y los posibles daños siguen estando presentes lo que obliga a extremar las precauciones en la vuelta a casa.

Recuerda:
 

  • Se aconseja consumir agua embotellada para beber y cocinar hasta que las autoridades confirmen que el suministro de agua es seguro y apto para el consumo.
  • Evita el uso de fuentes naturales o manantiales no conectadas a la red.
  • No hiervas el agua previa a su consumo. Aunque el hervido elimina microorganismos, la evaporación del agua acelera la concentración de sustancias inorgánicas tóxicas.
  • Una vez el suministro de agua esté restablecido de forma segura, se conseja abrir todos los grifos de la casa durante varios minutos para limpiar los depósitos de tuberías internas. Además, es recomendable sustituir los filtros domésticos e higienizar los aireadores de las griferías antes de volver a beber o cocinar con agua corriente.
  • No consumas alimentos que hayan estado expuestos directamente al humo, calor o cenizas.
  • En el caso de alimentos envasados, limpia bien el envase con agua segura antes de abrirlos.
  • Desecha latas hinchadas y oxidadas y alimentos almacenados en envases permeables o semipermeables (cartón o plástico), los humos tóxicos de materiales quemados pueden haberlos contaminado.
  • Si la nevera ha permanecido sin electricidad durante más de cuatro horas, es recomendable vaciarla completamente.
  • Coloca los alimentos podridos o echados a perder en bolsas de basura gruesas y selladas. No permitas que entren en contacto con niños o mascotas.
  • Sigue siempre las recomendaciones de las autoridades sanitarias.
     

Rebeca González Ginés, farmacéutica y directora del Servicio de Información Técnico-Profesional (SITP) del COFM

 

 

 

 

 

 

 

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