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Microbiota: el nuevo campo de la salud

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Microbiota: el nuevo campo de la salud

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Mabel Martín Vergel

Farmacéutica del Servicio de Información Técnico- Profesional del COFM

La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan en el organismo humano, principalmente en el intestino, pero también en la piel, la cavidad oral, el tracto respiratorio y otras superficies corporales.  Su composición y funcionalidad están fuertemente influenciados por factores como el entorno, la dieta, el uso de determinados fármacos y el estilo de vida. Estudios recientes han demostrado la enorme influencia del microbioma en la salud y en la enfermedad. Enfermedades graves como el cáncer, los trastornos metabólicos, las enfermedades cardiovasculares e incluso trastornos psicológicos como la esquizofrenia se ven influenciadas directa o indirectamente por la microbiota. Por ello un conocimiento del papel de la microbiota en la inducción de enfermedades permite prevenirlas y desarrollar nuevos conceptos terapéuticos mediante la modificación de la dieta y el estilo de vida.

A menudo, los términos microbiota y microbioma se utilizan indistintamente, aunque hacen referencias a conceptos diferentes. La microbiota es el conjunto de microorganismos presentes en el organismo, incluyendo bacterias, virus y hongos. La más conocida es la microbiota intestinal, a menudo llamada “flora intestinal”. Además de la microbiota intestinal, existen varios tipos de microbiota como la microbiota oral, vaginal y cutánea. Por su parte, el Microbioma se refiere al conjunto de genes de todos los microorganismos que integran la microbiota, es decir, su patrimonio genético colectivo. Mientras la microbiota describe quienes son los microorganismos presentes, el microbioma permite conocer que funciones pueden desempeñar a través de su información genética.

Funciones de la microbiota

La microbiota desempeña múltiples funciones fundamentales dentro del cuerpo humano, como contribuir a un buen estado de salud a causa de sus funciones de nutrición, protección e inmunomodulación. En este sentido, previene infecciones intestinales y mantiene el sistema inmunitario en alerta, estimulando la producción de defensas de forma constante. De forma más específica, participa en la producción de energía y en la síntesis de vitamina K y diversas vitaminas del grupo B. También interviene en la regulación del metabolismo, ya que ayuda a digerir componentes alimentarios que no han sido descompuestos en el estómago o en el intestino delgado.  Además, regula y fortalece el sistema inmune y combate las agresiones de otros microorganismos para mantener la integridad de la mucosa. Su influencia se extiende a la regulación de neurotransmisores intestinales, así como de hormonas y péptidos clave como la insulina, que participa en procesos metabólicos y fisiológicos fundamentales.

La microbiota se adquiere desde el momento en que nacemos y se mantiene estable hasta los 3 años. A partir de ese momento, se pueden producir modificaciones en la flora intestinal a causa de los diferentes cambios dietéticos mantenidos en el tiempo. Sin embargo, aunque la microbiota es relativamente estable, puede variar de un individuo a otro o incluso en un mismo individuo debido a factores que pueden producir cambios transitorios como el tipo de dieta, infecciones, ingesta de antibióticos y el estrés.

Factores que alteran la microbiota

Una microbiota equilibrada es esencial para un sistema digestivo eficiente y para el mantenimiento de la salud. Sin embargo, este equilibrio puede alterarse por factores como una alimentación inadecuada, el estrés, la falta de sueño, una vida sedentaria o determinados tratamientos farmacológicos, dando lugar a un estado de disbiosis intestinal.

La evidencia científica demuestra que la nutrición influye de forma decisiva en la composición de la microbiota. Las dietas ricas en fibra favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas, mientras que un consumo adecuado de proteínas contribuye a aumentar la diversidad microbiana. Por el contrario, el abuso de alcohol debilita la barrera intestinal y altera la composición bacteriana.

Otros factores externos también condicionan la microbiota desde etapas tempranas de la vida. La vía del parto, la lactancia materna y la exposición al entorno influyen en su desarrollo. Se ha observado que los niños alimentados con leche materna presentan una microbiota más estable, mientras que la estancia hospitalaria temprana se asocia con mayor colonización por C. difficile. Asimismo, crecer en entornos excesivamente higienizados puede limitar la estimulación microbiana necesaria para un adecuado desarrollo inmunitario.

Por otro lado, la relación entre microbiota y ejercicio físico es bidireccional. La actividad física favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, mejora el metabolismo energético y modula el eje intestino – cerebro, influyendo en el estado de ánimo. Por ello, las personas activas suelen presentar una microbiota más diversa, mientras que el sedentarismo se asocia a patrones dietéticos menos saludables y a una menor diversidad microbiana.

El sueño y los ritmos circadianos también desempeñan un papel relevante. La falta de sueño o la exposición insuficiente a la luz natural afectan tanto al sistema circadiano como a la composición de la microbiota. Además, investigaciones científicas revelan que la microbiota tiene sus propios ritmos circadianos y ajustar los tiempos y momentos de ingesta de nutrientes es beneficioso para el organismo. Y más allá de que se regulen las horas de ingesta para favorecer la composición de la microbiota, manipular la propia microbiota puede ser una estrategia prometedora para reconfigurar los ritmos circadianos, muy importante en personas con problemas metabólicos o de obesidad.

El uso de antibióticos constituye otro factor determinante. Además, diversos estudios muestran que ciertos tratamientos registran el impacto de antibióticos en la microbiota. Hay un estudio que se ha observado que el tratamiento con amoxicilina genera Lactobacillus en todo el intestino y reduce las bacterias aerobias y anaerobias en el colon, en particular Enterobacteriaceae y Enterococcus. Por ello, la selección adecuada del antibiótico es fundamental para evitar fallos terapéuticos y minimizar el impacto sobre la microbiota induciendo resistencia del microorganismo.

Por ello, la integridad de la barrera mucosa intestinal que es una de las principales defensas del organismo, depende de gran medida de una microbiota equilibrada, que regula el intercambio molecular, protege frente a patógenos y contribuye al mantenimiento de la homeostasis. Pero no solo se ha relacionado la alteración de este ecosistema con enfermedades intestinales e inflamatorias, sino también con patologías como obesidad, asma o enfermedades cardiovasculares.

Cómo mantener una microbiota saludable para nuestro bienestar

Existen varios signos clínicos que pueden indicar que la microbiota está alterada, como hinchazón y distensión abdominal, flatulencias excesivas, diarreas o estreñimiento recurrentes, dolor abdominal, lengua blanquecina o la aparición de intolerancias alimentarias.

Para revertir un estado de disbiosis, se recomienda fomentar hábitos saludables desde la infancia y mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, hortalizas, legumbres y fibra. Además, incorporar alimentos fermentados, evitar alimentos ultra procesados y bebidas azucaradas, asegurar una hidratación suficiente, realizar ejercicio de forma regular y mantener horarios de sueño y ritmos circadianos.

La investigación actual considera la regulación de la microbiota como una de sus prioridades principales y explora estrategias como intervenciones dietéticas específicas y el uso de prebióticos, probióticos, simbióticos, posbioticos y paraprobióticos. La funcionalidad de la barrera intestinal puede verse favorecida por la administración de probióticos como Streptococcus thermophilus, Lactobacillus acidophilus y Escherichia coli que no solo mejoran la eficacia de la barrera intestinal, sino que también previene la invasión de patógenos intestinales, incluso modificaciones mínimas en la composición de la microbiota, puede tener  consecuencias significativas  e influir en el desarrollo futuro de enfermedades graves, incluidas alguna neoplasias.

Papel del farmacéutico en la microbiota

El farmacéutico desempeña un papel fundamental en la promoción de una microbiota intestinal saludable, especialmente a través del asesoramiento en hábitos dietéticos y de estilo de vida saludable. En la practica diaria, cada vez es más frecuente encontrar pacientes con síntomas asociados a un desequilibrio de la microbiota intestinal, lo que convierte a la farmacia en un punto clave para la detección y orientación inicial.

Desde el mostrador, el farmacéutico puede identificar signos compatibles con disbiosis, valorar al paciente y determinar si es adecuada la recomendación del uso de probióticos o prebióticos. Esta intervención resulta especialmente relevante ante el aumento de trastornos digestivos vinculados al desequilibrio microbiano, así como el uso de antibióticos u otros fármacos que alteran la microbiota contribuyendo así a la prevención, al bienestar digestivo y al acompañamiento y seguimiento farmacoterapéutico del paciente.

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