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Hipertensión: tratamientos farmacológicos y hábitos saludables

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Hipertensión: tratamientos farmacológicos y hábitos saludables

Penélope Cabezalí Esteban

Penélope Cabezalí Esteban

Farmacéutica del Servicio de Información Técnico Profesional COFM

Cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial de la Hipertensión, una iniciativa que pone el foco en la importancia de controlar la presión arterial.

La hipertensión arterial (HTA), definida como cifras de presión arterial sistólica iguales o superiores a 140 mmHg y/o diastólica iguales o superiores a 90 mmHg en adultos, es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular a nivel mundial.

La relación entre la presión arterial y el riesgo cardiovascular es continua: a partir de valores superiores a 115/75 mmHg, el riesgo aumenta de forma progresiva.

En nuestro país, la prevalencia de hipertensión arterial en población adulta se encuentra entre el 30-40 %, superando el 60 % en mayores de 65 años. Esto la convierte en uno de los principales factores de riesgo de enfermedad y muerte, haciendo que su detección y control sean especialmente relevantes. De forma global, se estima que aproximadamente un tercio de la población adulta en países desarrollados presenta hipertensión arterial, y que en muchos casos se asociada a otros factores de riesgo cardiovascular.

Se trata de un problema muy frecuente, con impacto directo sobre órganos como el corazón, el sistema nervioso central o el riñón, y que constituye uno de los principales motivos de consulta en atención primaria.

La hipertensión arterial es una patología de origen multifactorial, en la que intervienen factores genéticos, ambientales y demográficos. Entre los factores que influyen en su aparición destacan la edad, el sexo y el estilo de vida.

Entre los factores modificables destacan el exceso de peso, el consumo elevado de sal y la baja actividad física. De hecho, una proporción importante de los pacientes hipertensos presenta sobrepeso o hábitos de vida poco saludables.

El enemigo silencioso

La hipertensión tiene una característica clave: en la mayoría de los casos no produce síntomas. Esto hace que muchas personas convivan con cifras elevadas sin saberlo.

Sin embargo, esto no implica que no esté causando daño. Con el tiempo favorece la aparición de complicaciones como enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal o accidentes cerebrovasculares.

Cuando las cifras son muy elevadas pueden aparecer síntomas como cefalea intensa, mareos, visión borrosa, dolor torácico o dificultad respiratoria, entre otros. En estos casos, es necesario acudir de forma inmediata a un profesional sanitario. Por tanto, la única forma de detectarla es mediante la medición periódica.

La cifra que no deberías ignorar

El autocontrol en casa puede ayudar al diagnóstico temprano, valorar la respuesta al tratamiento y tener una visión más real de la evolución, más allá de las mediciones puntuales en consulta. 

Para que las mediciones sean fiables, es importante:

  • Hacerlo en reposo y tras unos minutos de calma.
  • Evitar café, tabaco, alcohol o ejercicio antes de medirla.
  • Colocar el brazo a la altura del corazón.
  • Usar siempre el mismo brazo.
  • Repetir la medición y anotar los resultados.

Hay que tener en cuenta que la presión arterial no es una cifra fija, sino que varía a lo largo del día, por lo que lo importante es observar la evolución con el tiempo.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento de la hipertensión arterial se basa en la combinación de medidas higiénico-dietéticas y tratamiento farmacológico, siendo necesario este último en pacientes con presión arterial mantenida superior a 140/90 mmHg.

Entre los fármacos más utilizados destacan los diuréticos, en concreto os tiazídicos, considerados de primera elección por su eficacia, seguridad y utilidad en combinación.

Los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) son, junto con los diuréticos, uno de los grupos más empleados.

Los antagonistas del calcio se emplean en la hipertensión leve o moderada, mientras que otros grupos como los alfabloqueantes pueden ser una opción en determinados perfiles de pacientes.

El tratamiento debe individualizarse en función de las características de cada paciente.

Pequeños hábitos

El objetivo del control de la hipertensión no se basa únicamente en el tratamiento farmacológico. Las modificaciones del estilo de vida son la base tanto de la prevención como del tratamiento.

Entre las principales medidas se encuentran:

  • Mantener una alimentación y un peso adecuados.
  • Reducir el consumo de sal.
  • Limitar el alcohol.
  • No fumar.
  • Hacer actividad física de forma regular.
  • Controlar el estrés.

Estas medidas permiten reducir las cifras de presión arterial y mejorar el riesgo cardiovascular. Aun así, en muchos casos es necesario añadir tratamiento farmacológico.

La farmacia comunitaria como punto clave

La farmacia comunitaria juega un papel clave en la detección y el seguimiento de la hipertensión arterial.

La posibilidad de medir la presión arterial en la farmacia permite identificar cifras elevadas en pacientes que, en muchos casos, desconocen su situación. Esta primera detección facilita la derivación al médico para su valoración y diagnóstico, contribuyendo a un abordaje precoz de la enfermedad.

La intervención de forma activa en el seguimiento del paciente hipertenso con el control de las cifras de presión arterial permite la identificación de posibles problemas relacionados con la medicación, como interacciones, efectos adversos o dificultades en el cumplimiento del tratamiento.

En este contexto, la adherencia terapéutica constituye uno de los principales retos en el manejo de la hipertensión arterial. La interrupción precoz del tratamiento y el uso de dosis inferiores a las prescritas son las formas más frecuentes de incumplimiento.

La hipertensión arterial es un problema de salud frecuente, en muchos casos silencioso, pero con consecuencias muy graves si no se detecta y se controla a tiempo. Su abordaje requiere una combinación de detección precoz, un seguimiento continuado, cambios en el estilo de vida y tratamiento farmacológico, cuando sea necesario.

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