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Prevención de la tuberculosis: el papel del farmacéutico

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Prevención de la tuberculosis: el papel del farmacéutico

I

Isabel Rodríguez Tejonero

Farmacéutica. Servicio Técnico Profesional del COFM

El 24 de marzo celebramos el Día Mundial de la Tuberculosis (TB) con el fin de reforzar la urgencia de acelerar los esfuerzos para poner fin a esta enfermedad. El lema de este año, “Podemos poner fin a la TB: impulsados por la atención primaria de salud, la innovación y comunidades comprometidas”, destaca la necesidad de un compromiso sostenido, inversión adecuada y la participación de las comunidades. La fecha conmemora el día de 1882 en que Robert Koch anunció a la comunidad científica el descubrimiento de la causa de la enfermedad, la bacteria Mycobacterium tuberculosis. En ese momento la tuberculosis era responsable de una de cada siete muertes en el mundo, en 2026 la tuberculosis sigue siendo una crisis de salud mundial con un aumento preocupante de casos en ciertas regiones, lo que impulsa la urgencia de acelerar la detección temprana y fortalecer la atención primaria. En España, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y el Ministerio de Sanidad, se ha observado un aumento reciente del 7 % en casos en algunas zonas

Es una enfermedad infecciosa transmisible, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, que, aunque puede afectar prácticamente a cualquier órgano, riñones, columna vertebral o cerebro, la tuberculosis pulmonar constituye un 75 % de todas las formas de tuberculosis y es la que contribuye de forma fundamental a la transmisión y mantenimiento de la enfermedad. Se contagia de persona a persona a través del aire, la persona contagiada tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosos al aire, cuando otra persona inhala esos bacilos se infectará. Otros mecanismos de transmisión como la vía digestiva, la urogenital, la cutáneo-mucosa o la materno-fetal (transplacentaria) son muy infrecuentes, los animales, los insectos, la tierra o los objetos inanimados no suelen ser portadores.

Se diferencian dos conceptos distintos:  infección y enfermedad tuberculosa. La infección tuberculosa se produce cuando el sujeto entra en contacto con Mycobacterium tuberculosis, desencadenándose en su organismo una respuesta inmune, estas personas no presentan síntomas ni hallazgos en la exploración física, pero están infectadas. De éstos, un 5-10 % desarrollará la enfermedad en algún momento de su vida.  Algunas de las personas que tienen la infección de tuberculosis latente son más propensas a presentar la enfermedad que otras, sobre todo personas con afecciones o que reciben tratamientos que debilitan el sistema inmunitario como por ejemplo infección por VIH.

Los síntomas de la enfermedad de la tuberculosis (TB) dependerán de la parte del cuerpo en que los microbios se estén multiplicando. Cuando la enfermedad está en los pulmones puede causar los siguientes síntomas: tos (que dura más de 3 semanas), tos con sangre o con esputo, dolor de pecho, fiebre, sudores nocturnos, escalofríos, pérdida de apetito, debilidad o fatiga, pérdida de peso. Los síntomas de la enfermedad en otras partes de cuerpo pueden incluir: en el caso de estar afectados los riñones puede provocar sangre en orina, la meningitis tuberculosa puede causar dolor de cabeza o confusión, en la columna vertebral puede causar dolor de espalda, en la laringe ronquera.

La prevención de la tuberculosis, además del diagnóstico precoz para evitar la transmisión de la enfermedad, incluye la vacunación con la vacuna del bacilo Calmette-Guérin (BCG), especialmente en países con alta incidencia de tuberculosis, en Europa Occidental no se recomienda la vacunación general de todos los niños contra la tuberculosis, sino solo en determinadas circunstancias individuales. En España esta vacuna no se incluye en el calendario sistemático de ninguna comunidad autónoma. Esta vacuna ofrece cierta protección en recién nacidos y niños pequeños frente a las formas más graves, como la meningitis tuberculosa, pero su eficacia se reduce en adolescentes y adultos, los grupos más afectados por la tuberculosis pulmonar. En la actualidad, hay tres vacunas contra la tuberculosis en fase 3 de ensayos clínicos, basadas en distintas estrategias para ofrecer una protección más duradera y eficaz tanto en recién nacidos como adultos.

Para el diagnóstico de la enfermedad, el médico valorará si el paciente presenta los síntomas típicos de la enfermedad y posteriormente realizará distintas pruebas para su confirmación: radiografía de tórax, se están incorporando equipos de rayos X de tórax integrados con IA (Inteligencia Artificial) para detectar rápidamente casos sospechosos, examen microscópico y cultivo de esputo, pruebas de amplificación de ácidos nucleico rápidas para verificar la presencia de material genético (ADN) de Mycobacterium tuberculosis en muestras de esputo, prueba cutánea de la tuberculina (Prueba de Mantoux) o análisis de sangre para la detección de la enfermedad, además se están implementando algoritmos de diagnóstico actualizados para la detección precoz y seguimiento de la enfermedad. Todas las personas en contacto estrecho con un enfermo de TB deberán ser estudiadas y clasificadas como: expuestas no infectadas, infectadas no enfermas o enfermas.

Los medicamentos que se emplean de forma habitual para el tratamiento de la tuberculosis son la isoniacida, rifampicina, etambutol y pirazinamida. Se administran dos o más antibióticos con mecanismos de acción diferentes, porque el tratamiento con un solo fármaco puede dejar sin cubrir algunas bacterias resistentes a él. Como es una bacteria de crecimiento muy lento, debe seguirse el tratamiento durante mucho tiempo (un mínimo de 4-6 meses), aunque la persona afectada se sienta bien, de lo contrario, la tuberculosis tiende a reaparecer, al no haber sido eliminada por completo. Además, las bacterias de la tuberculosis pueden volverse resistentes a estos antibióticos, en estos casos se puede recurrir a otros fármacos como aminoglucósidos, fluoroquinolonas, a veces puede llegar a ser necesario el uso de corticosteroides e incluso la cirugía. El ganfeborole (GSK-070) es un antibiótico experimental en fase de investigación, diseñado para tratar la tuberculosis, incluyendo cepas resistentes.

El farmacéutico, como profesional de la salud más cercano a los ciudadanos, es un pilar esencial para identificar personas con síntomas de TB y derivarlo rápidamente al médico para su evaluación, diagnóstico y tratamiento en caso necesario, produciéndose así una detección temprana de la enfermedad. Una vez instaurado el tratamiento, el farmacéutico ofrece un asesoramiento sobre los medicamentos antituberculosos, son tratamientos muy largos, el farmacéutico es clave para la promoción de la adherencia al tratamiento. También advertirá al paciente sobre las posibles interacciones de los medicamentos antituberculosos como por ejemplo la interacción de rifampicina con anticonceptivos, anticoagulantes o antirretrovirales y advertirá a los pacientes sobre los posibles efectos adversos de la medicación algunos de ellos se considerarían normales, por ejemplo, en el caso de usar rifampicina, es posible que la orina, el sudor y las lágrimas aparezcan de color naranja pero es posible que aparezcan otros efectos adversos, sobre todo a nivel hepático, que pueden hacer necesario la suspensión del tratamiento, por lo que para valorar esta situación se lleva un control continuado con analíticas de sangre.

La tuberculosis sigue siendo una enfermedad relevante a nivel global, el farmacéutico desempeña un papel fundamental en la detección, educación del paciente, control de interacciones y mejora de la adherencia terapéutica, contribuyendo de manera directa a reducir la transmisión y prevenir el desarrollo de cepas resistentes.

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