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La regla de las 3 A en suplementación: absorción, afinidad y aditivos

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La regla de las 3 A en suplementación: absorción, afinidad y aditivos

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Cristina Díaz López

Farmacéutica del Servicio de Información Técnico- Profesional del COFM

El mercado de los suplementos ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, impulsado por factores como el envejecimiento poblacional, la medicalización de la prevención, el aumento de enfermedades crónicas y una percepción social de estos productos como alternativas seguras y naturales para el autocuidado.

A nivel europeo, los datos de consumo arrojan que más de la mitad de los adultos utiliza algún tipo de suplemento de forma habitual, con una tendencia marcada a productos destinados a la salud inmunitaria, osteoarticular y cardiovascular. Este escenario sitúa a la suplementación como un “intermediario” entre la nutrición y la intervención sanitaria, con implicaciones directas en la práctica clínica y farmacéutica.

Por ello, el papel de los profesionales sanitarios resulta esencial para garantizar un uso seguro y eficaz de estos productos. En un entorno donde el acceso a suplementos es amplio y la percepción de seguridad es alta, el farmacéutico comunitario debe estar debidamente formado y capacitado para realizar una indicación farmacéutica de calidad y dispensaciones basadas en la evidencia científica disponible.

En el mostrador la evaluación de estos productos no debe limitarse a una revisión simplista de la composición y dosis declarada en el etiquetado. Es necesario adoptar un enfoque crítico, que contemple variables importantes como la calidad de la formulación, la biodisponibilidad de los nutrientes y el perfil de paciente al que va dirigido.

En este contexto, la regla de las 3 A: absorción, afinidad y aditivos, permite trasladar al ámbito de la suplementación aspectos farmacológicos clave para garantizar una recomendación más rigurosa, personalizada y enfocada a una mayor eficacia y seguridad.

Absorción: un punto crítico de la eficacia en suplementación

La absorción determina qué concentración de los componentes del suplemento alcanzará circulación sistémica. En el ámbito de la suplementación puede ser un punto crítico, ya que es un factor que puede condicionar de forma directa la eficacia y la percepción de resultados por parte del paciente.  

Por ello, a nivel del mostrador, no solo va a ser importante conocer las características del suplemento que vamos a dispensar, sino que es fundamental entender el perfil de paciente que tenemos delante.

La entrevista farmacéutica, mediante preguntas sencillas y una escucha activa, puede revelar información determinante. Es importante identificar si el paciente es polimedicado o está en tratamiento con fármacos que puedan interferir en la absorción, si presenta patologías digestivas que alteren estos procesos, si combina varios suplementos susceptibles de competir entre sí o, en caso de recomendación por otro profesional sanitario, si conoce la indicación concreta y el objetivo del tratamiento.

Asimismo, la interacción con la dieta constituye un elemento frecuentemente infravalorado. Componentes como los fitatos, la fibra o los taninos pueden disminuir la absorción de determinados minerales, mientras que la presencia de grasa favorece la captación de vitaminas liposolubles.

Por ello, orientar al paciente sobre la forma correcta de administración (cuándo tomarlo, con qué alimentos o si conviene separarlo de otros productos) es parte esencial del consejo farmacéutico y puede influir de forma notable en la eficacia.

Afinidad: la clave que determina la funcionalidad.

Que un nutriente se absorba no significa que vaya a ser eficaz, ya que una vez en el organismo debe integrarse adecuadamente en las rutas metabólicas. A esa capacidad de ser reconocido y utilizado de forma eficiente la denominamos afinidad metabólica.

En la práctica, esto significa que no todas las formas de un mismo nutriente son equivalentes. Por ejemplo, el ácido fólico necesita transformarse en su forma activa antes de participar en procesos metabólicos. Por ello, en personas donde esta conversión puede verse afectada, es más apropiado utilizar directamente la forma activa. De manera similar, en el caso de la vitamina B12, existen presentaciones que ya están en forma coenzimática (metilcobalamina) y que participan directamente en las reacciones celulares.

Con los minerales ocurre algo similar. Por ejemplo, el magnesio puede encontrarse como óxido de magnesio, con mayor contenido elemental pero menor solubilidad, o como citrato y bisglicinato, generalmente mejor tolerados. En el caso del hierro, el sulfato ferroso es eficaz, pero puede producir molestias digestivas, mientras que el bisglicinato suele asociarse a mejor tolerabilidad. En calcio, la elección entre carbonato y citrato se apoya en aspectos fisiológicos: el carbonato se absorbe mejor en presencia de ácido gástrico y suele recomendarse con comidas, mientras que el citrato puede ser más útil cuando la acidez gástrica está reducida.

En el mostrador, integrar este concepto implica revisar no solo “cuánto aporta” el suplemento, sino también “qué forma contiene” y si esa elección es coherente con la situación del paciente: embarazo, edad avanzada, problemas digestivos, polimedicación o intolerancia.

Aditivos: el factor silencioso que condiciona la calidad y tolerabilidad

A la hora de dispensar un suplemento, los aditivos también desempeñan un papel clave, ya que no solo son necesarios para garantizar estabilidad, conservación o facilitar la fabricación, sino que pueden afectar a la tolerancia y biodisponibilidad.   

Por ejemplo, los polioles (como el sorbitol o el maltitol), utilizados en comprimidos masticables o jarabes, pueden provocar molestias digestivas en determinadas cantidades. Los recubrimientos y agentes de compresión pueden modificar la velocidad de disolución y liberación del nutriente. En el caso de suplementos liposolubles, como los formulados con vitamina D u omega-3, el tipo de aceite portador condiciona la estabilidad y la susceptibilidad a la oxidación. Asimismo, excipientes como la lactosa, el gluten o ciertos colorantes pueden no ser adecuados en pacientes con intolerancias o alergias.

Si bien la normativa europea garantiza la seguridad de los aditivos autorizados, su análisis permite valorar no solo su inocuidad, sino también su posible influencia en la eficacia y tolerabilidad del suplemento.

Implicaciones para la farmacia comunitaria

En el ámbito de la suplementación, el consejo farmacéutico no debería limitarse a comprobar una composición o confirmar una dosis. Su valor real está en aportar calidad en un entorno donde la oferta es amplia, las formulaciones son muy heterogéneas y la percepción de riesgo  por parte de los pacientes suele ser baja. La intervención del farmacéutico comunitario, como profesional accesible y capacitado, debe aportar una mirada crítica que vaya más allá del etiquetado.

Por ello, comprender las tres dimensiones mencionadas (absorción, afinidad y aditivos), permite transformar la indicación o dispensación de suplementos en intervenciones rigurosas en las que hay una valoración integral del producto y, además, ajustadas al perfil de nuestros pacientes.

Aplicado al mostrador, este enfoque facilita:

  • Un análisis crítico del etiquetado más allá de la dosis declarada.
  • La personalización de la recomendación según el perfil del paciente.
  • La identificación de posibles interacciones o factores que comprometan la biodisponibilidad.
  • La selección de formulaciones con mayor probabilidad de eficacia y mejor tolerabilidad, favoreciendo la adherencia.

En un entorno marcado por el incremento del consumo y la circulación constante de información simplificada o poco contextualizados, el papel del farmacéutico adquiere un valor diferencial.

Frente a la sobreinformación, es necesario que el mostrador se convierta en un espacio cargado de evidencia científica y siempre acompañado de otras herramientas valiosas como la educación para la salud.

 

Bibliografía:

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