Saltar navegación. Ir directamente al contenido principal

Notas de prensa

Fausto González, farmacéutico: el valor de una “farmacia cercana y de puertas abiertas”

Contenido principal

Fausto González, farmacéutico: el valor de una “farmacia cercana y de puertas abiertas”

En noviembre de 2025, un farmacéutico se hizo viral. Las redes sociales se llenaron con un vídeo en el que se veía a decenas de personas despedirse de su farmacéutico en un homenaje espontáneo, entre aplausos, vítores y muestras de cariño. Una escena tan sorprendente como conmovedora que alcanzó miles de reproducciones y de la que se hicieron eco los principales medios de comunicación.

Aquel gesto colectivo puso de relieve algo esencial: el valor del farmacéutico de barrio como figura cercana, accesible y profundamente integrada en la vida de su comunidad. El protagonista de esta historia es Fausto González, farmacéutico durante más de quince años en el barrio de Hortaleza. Desde el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid conversamos con él para conocer al profesional que, desde el mostrador o fuera de él, ha conectado con el corazón de su barrio y reflexionar sobre el papel de la farmacia, la vocación de servicio y la importancia de una profesión unida.

La despedida, recuerda Fausto, fue completamente espontánea. “Yo pensaba que la gente vendría poco a poco a despedirse, algo sencillo”, explica. “Pero a partir de cierta hora empezó a acumularse gente en la puerta y pensé: ‘¿pero qué es esto?’”. La emoción fue inevitable. “Llevaba ya un rato llorando, porque cada vez que alguien venía y le decía que me iba, me emocionaba”. No había nada preparado, tampoco un discurso. “Prefiero que las cosas salgan de aquí”, dice señalando al corazón.

Su manera de entender la farmacia siempre ha sido clara: una farmacia de puertas abiertas, donde cualquiera pueda entrar, preguntar y sentirse cómodo. “Yo quería que la gente estuviera a gusto. Hice una reforma en el interior porque quería cercanía”. Para Fausto, la farmacia no es solo un lugar de dispensación, sino un espacio de escucha. “Muchísima gente venía simplemente a hablar. A contarme su vida. La gente necesita expresarse y tener a alguien al lado que le escuche”.

Ese contacto humano marca toda su trayectoria. Aunque en un principio quiso estudiar medicina, la farmacia apareció casi por casualidad. “Empecé Farmacia pensando que sería algo provisional, pero me gustó mucho la carrera y me quedé”. El trato con las personas fue siempre el motor. “Soy farmacéutico, pero por encima de todo soy persona”.

A lo largo de los años, Fausto se ha volcado especialmente en el medicamento, entendiendo que es la base de la profesión. “A mí me gusta el medicamento. El mercado se abre y hay que tener de todo, pero la farmacia, para mí, se sostiene sobre el medicamento y sobre cómo se lo explicas a la gente”. Para él, el conocimiento técnico es imprescindible, pero el trato es determinante. “Lo más importante es cómo le hablas a una persona, cómo le explicas las cosas y cómo la tratas”.

Durante la pandemia, esa cercanía se intensificó. “Con el COVID lo pasamos muy mal. Mucha gente llamaba y no obtenía respuesta en ningún sitio. Y nosotros estábamos ahí”. Recuerda llamadas, dudas, miedos y situaciones límite. “Hubo personas que me dijeron que fui el único que les cogió el teléfono”. Para Fausto, ese momento evidenció aún más el papel no solo sanitario, sino también social de la farmacia comunitaria.

La decisión de dejar la farmacia no tuvo que ver con el reconocimiento ni con la marcha del negocio. “La farmacia iba fenomenal y la gente me estimaba mucho”, explica. La razón fue otra: el tiempo. “Me faltaba tiempo para mi familia”. Tras más de una década volcado en la farmacia, decidió parar para cuidar de su hija, de su mujer y de sus padres. “No me voy por estar a disgusto, me voy por amor a los míos”.

Aun así, no cambiaría el camino recorrido. “Todo lo demás lo haría exactamente igual”. Cree firmemente que el tiempo dedicado a las personas es lo que construye el vínculo. “Si dedicas tiempo y te gusta lo que haces, al final llegan los frutos”.

Fausto también reflexiona sobre el papel del COFM para apoyar una farmacia más unida. “A veces la farmacia está muy dispersa entre compañeros. Tendríamos que ir más juntos”. Reconoce la importancia del Colegio y apunta a la necesidad de seguir avanzando, especialmente en aspectos como la burocracia, para poder dedicar más tiempo a lo verdaderamente importante: las personas.

Cuando habla del farmacéutico de barrio, lo tiene claro. No se siente especial y cree que hay otros muchos Faustos anónimos. “En muchos sitios, sobre todo en pueblos, el farmacéutico es el único profesional sanitario cercano. Se desvive por solucionar problemas”. Para él, esa labor merece reconocimiento. “No somos tenderos. Somos profesionales sanitarios con una función social muy clara”.

La despedida de Hortaleza no fue solo el final de una etapa, sino la confirmación de una forma de entender la profesión: una farmacia abierta, cercana y comprometida, sostenida por una red de profesionales que, unidos, cuidan de la salud desde la escucha y la presencia diaria.

  • Puedes ver la entrevista completa AQUÍ.

 

Fin del contenido principal

Buscador farmacias

Buscador farmacias

Buscador farmacias Ir a buscador por dirección