Sin humo en 2026. Tratamientos y estrategias para dejar de fumar
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El tabaquismo es una enfermedad crónica y reincidente caracterizada por la adicción a la nicotina y la exposición constante ante diversos tóxicos presentes en el tabaco.
El consumo de tabaco es la principal causa de muerte prematura, enfermedad e incapacidad evitable en países desarrollados. Si se analizan los datos más recientes publicados por el Ministerio de Sanidad, más de 50.000 personas mueren al año por tabaquismo en nuestro país. Estas cifras, unidas a la elevada tasa de comorbilidades asociadas, hace que se trate de uno de los problemas de Salud Pública más difíciles de erradicar, a pesar de los esfuerzos ofrecidos por los organismos oficiales a través de las múltiples campañas sanitarias y la labor de los profesionales de la salud.
Existe evidencia científica sólida que respalda una fuerte asociación entre el consumo prolongado de tabaco (y exposición a su humo) y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, distintos tipos de cáncer y afecciones digestivas como úlceras gastrointestinales o gastritis crónica. La parte “positiva” de esta condición viene asociada a los múltiples beneficios que implica dejar de fumar a cualquier edad, ya que abandonar el hábito tabáquico supone la reducción del riesgo de muerte prematura, mejora de la salud reproductiva y reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer, entre otras.
Además, otro reto al que nos enfrentamos dentro de este escenario es la brecha asistencial dentro de la deshabituación tabáquica. Aunque se disponen de intervenciones eficaces, muchos fumadores intentan abandonar el tabaco sin ayuda estructurada, por lo que el riesgo de recaídas prematuras aumenta. A esto, se suma el infra tratamiento (elección de pautas poco intensivas para el nivel de dependencia) y la falta de seguimiento, la cual deja sin corregir problemas de adherencia o efectos adversos. Por ello, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace palpable la necesidad de implantar servicios de cesación (consejo + tratamiento + seguimiento) como estrategia clave para maximizar el impacto de las medidas de deshabituación.
Por todo lo anterior, es más que evidente que los profesionales sanitarios desempeñan un papel fundamental en la lucha contra el tabaquismo, tanto a nivel de prevención como de tratamiento y seguimiento de los pacientes. El Farmacéutico Comunitario, por su accesibilidad y cercanía a la población, representa una figura clave dentro del sistema nacional de salud. Además, tenemos la labor de acompañar durante todo el proceso de deshabituación tabáquica, siempre y cuando éste venga asociado a una terapia farmacológica. El mostrador debe ser, por tanto, un entorno amable y estratégico que va a permitir valorar adherencia, seguridad y eficacia de estos tratamientos.
“El fumador de 2026”: ¿qué ha cambiado en la práctica?
El perfil de paciente fumador que vemos actualmente en la Farmacia Comunitaria es más heterogéneo que hace unos años. Aunque el consumo de tabaco en forma de cigarrillos ha descendido en los últimos años, la industria tabacalera dirige su objetivo hacia la población juvenil a través de cigarrillos electrónicos o dispositivos susceptibles de llevar nicotina y los productos de tabaco calentado.
Por lo tanto, nos encontramos ante dos barreras importantes:
- Incremento del uso de nuevos dispositivos
- Desinformación y sobreinformación entre las nuevas generaciones de fumadores
Evaluación inicial en la Farmacia Comunitaria, ¿qué medir en menos de 10 minutos?
Cuando nuestros pacientes nos manifiestan su intención de dejar de fumar, podemos realizar sencillas preguntas que nos permitan saber cómo actuar:
1) Información sobre el patrón de consumo:
- Número de cigarrillos/día (y si hay uso dual con vapeo u otros).
- Años de consumo y contexto (laboral, social, estrés).
2) Dependencia a nicotina (Test de Fagerström)
- Tiempo hasta el primer cigarrillo tras despertar (≤30 min sugiere dependencia mayor).
- Si necesita fumar incluso en situaciones “difíciles” (prohibiciones, enfermedad, etc.).
3) Intentos previos
- Qué usó (TSN, vareniclina, bupropión, citisiniclina), cuánto tiempo y por qué hubo recaída.
- Dato clave: ¿recaída por síndrome de abstinencia/craving o por “gatillo conductual” (alcohol, café, estrés)?
4) Motivación y autoconfianza
- “Del 0 al 10, ¿cuánto quieres dejarlo en el próximo mes?”
- “Del 0 al 10, ¿cuánta confianza tienes en conseguirlo?”
5) Seguridad/precauciones
- Embarazo/lactancia, adolescencia, antecedentes de convulsiones, trastorno bipolar, depresión no controlada, consumo elevado de alcohol.
- Función renal (relevante para vareniclina en insuficiencia renal grave)
Con toda esta información, desde el mostrador tenemos herramientas para saber cómo actuar con nuestros pacientes, siendo necesario derivación médica en caso de que el paciente se sienta preparado para iniciar la deshabituación con terapia farmacológica.
Estrategias terapéuticas
Vareniclina, bupropión, citisiniclina y la terapia sustitutiva con nicotina (TSN) son los tratamientos farmacológicos considerados como primera línea para la deshabituación tabáquica. Todos ellos, a excepción de la TSN, requieren prescripción médica y están financiados por el SNS.
1) Terapia sustitutiva con nicotina (TSN)
Consiste en la administración de nicotina por una vía distinta y segura a la inhalada, y en cantidad suficiente para controlar o evitar la clínica asociada al síndrome de abstinencia nicotínico. Se sabe que su mecanismo de acción se basa en la estimulación de los receptores nicotínicos del área ventral cerebral, con la correspondiente secreción secundaria de dopamina en el núcleo accumbens asociada a esta estimulación.
Tienen buen perfil de seguridad y se pueden utilizar como una opción en la indicación farmacéutica. Como presentaciones disponibles tenemos los parches, chicles, comprimidos para chupar y espray bucal.
La TSN además, permite ajustar el tratamiento realizando combinaciones de las dos vías de administración disponibles (parches + forma oral) o con otros fármacos dentro del arsenal disponible, ya que se ha visto eficacias superiores.
Consejos de dispensación:
- Si el paciente va a utilizar chicles, explicar la correcta técnica de uso. El paciente debe masticarlo unas cuantas veces y luego “guardarlo” entre la mejilla y el espacio bajo los dientes.
- Si aparecen cravings frecuentes, es recomendable no “aguantarse” y recurrir a dosis de nicotina de rescate.
- Si aparece insomnio con parche 24 h: valorar retirada nocturna, ajustar pauta o valorar alternativa.
2) Vareniclina
Es agonista parcial de receptores neuronales para acetilcolina de tipo nicotínico α4β2. Tiene actividad agonista con menor eficacia intrínseca que la nicotina y actividad antagonista en presencia de ésta. Las pautas que figuran en ficha técnica comienzan con dosis iniciales de 0,5 mg/día (días 1–3), 0,5 mg/12 h (días 4–7), después 1 mg/12 h hasta completar el ciclo de 12 semanas (pudiendo considerar un ciclo adicional de 12 semanas para tratar el síndrome de abstinencia). Con este fármaco, se permite fumar durante un tiempo estipulado antes del “día D”, lo que da al paciente un margen mayor para poder reducir el número de cigarrillos al comienzo del tratamiento.
Consejos de dispensación:
- Para evitar la aparición de náuseas, recomendar tomar con un vaso lleno de agua o comida.
- Importante derivar para valorar ajuste de dosis en pacientes con insuficiencia renal.
3) Bupropión (comprimidos de liberación prolongada)
Es un inhibidor selectivo de la recaptación neuronal de catecolaminas (noradrenalina y dopamina) con un mínimo efecto sobre la recaptación de serotonina. La dosis inicial es de 150 mg al día durante seis días, aumentando a 150 mg dos veces al día el séptimo día (separados al menos por un intervalo de 8 horas).
Consejos de dispensación:
- En caso de que el tratamiento sea insuficiente, aconsejar sobre el uso concomitante con parches de nicotina (previa valoración médica).
- Si aparece insomnio, evitar su administración antes de acostarse.
- Vigilar interacciones farmacológicas, sobre todo en pacientes psiquiátricos o polimedicados.
4) Citisiniclina
La citisiniclina es un alcaloide vegetal que compite con la nicotina por los mismos receptores y la desplaza gradualmente. La pauta de administración es descendente durante 25 días y se recomienda dejar de fumar como muy tarde el 5º día de iniciar el tratamiento.
Consejos de dispensación:
- Insistir en adherencia al esquema de administración.
- Insistir al paciente que fumar o usar productos que contengan nicotina simultáneamente con la administración del medicamento podría provocar reacciones adversas a la nicotina más graves.
- Precaución en paciente con patologías cardíacas, hipertiroidismo, diabetes, úlcera gastroduodenal o ERGE. Contraindicado con antituberculosos.
Para todos los tratamientos mencionados anteriormente, hay que tener en cuenta que la deshabituación tabáquica se asocia con varios síntomas sin poder diferenciar los efectos asociados al fármaco de los producidos por la retirada de nicotina.
¿Qué esperar de nuestros pacientes tras iniciar la deshabituación?
La escucha activa y el apoyo a nuestros pacientes durante el tratamiento de deshabituación tabáquica es de vital importancia para garantizar una buena eficacia y adherencia terapéutica.
Tras el mostrador nos podemos encontrar, sobre todo, ante consultas relacionadas con efectos adversos y síntomas asociados al síndrome de abstinencia:
- Craving y síndrome de abstinencia. Tranquilizar a nuestros pacientes, ya que es algo relativamente frecuente. En estos casos, se puede recurrir a dosis de rescate a través de Terapia Sustitutiva de Nicotina (TSN) o bien, valorar derivar al médico para ajustar el tratamiento.
- Sueño y estado de ánimo. Aparecen tanto como efecto secundario como por el mero hecho de abandonar el tabaco. Reforzar la correcta administración de los tratamientos y ofrecer pautas para una correcta higiene del sueño.
- Apetito y peso. La “ansiedad” asociada a dejar de fumar puede aumentar el apetito y la ingesta calórica. Por ello, es importante recordar que el beneficio de dejar de fumar supera con creces el posible aumento de peso. Ofrecer pautas higiénico – dietéticas adaptadas al paciente.
- Cambios a nivel respiratorio. Algunos pacientes notan más tos al inicio por recuperación del aclaramiento mucociliar. En estos casos, debemos explicar al paciente porqué ocurre y que esto es un signo de mejora.
Desde el mostrador tenemos una visión privilegiada, ya que podemos sospechar qué pacientes no están respondiendo bien a los tratamientos (consumo de “rescate” frecuentes, falta de adherencia, efectos secundarios, etc.). En estos casos, debemos derivar al paciente a su médico para que valore qué hacer con el tratamiento.
¿Y los cigarrillos electrónicos para dejar de fumar?
La evidencia científica de mayor rigor sugiere que el uso de cigarrillos electrónicos con nicotina puede aumentar las tasas de abandono frente a TSN en algunos contextos.
A su vez, la OMS mantiene una posición prudente: como productos de consumo, no se ha demostrado su eficacia a nivel poblacional y existen preocupaciones por sus potenciales efectos adversos y, sobre todo, por la atractividad que estos dispositivos pueden tener entre los más jóvenes.
Debemos recordar a nuestros pacientes que, como primera línea de tratamiento, antes de iniciarse en el cigarrillo electrónico, debe pedir ayuda a profesionales sanitarios debidamente capacitados e iniciar la terapia farmacológica combinada con intervenciones conductuales cuando sea necesario.
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