Dosis letal: cómo se mide la seguridad de un medicamento
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Estamos en un pico alto de gripe y catarro, y no paramos de ver anuncios en la televisión de antigripales. Pero también de comprimidos para el dolor de cabeza, para el dolor de las articulaciones… Esto ha llevado a convivir con el medicamento con cierta banalidad y perderle todo el respeto.
Y un medicamento te puede curar o corregir los síntomas, pero también te puede matar si no se usa de manera adecuada.
La dosis letal se define como la cantidad de una sustancia que, bajo condiciones específicas, resulta en la muerte de un porcentaje determinado de una población expuesta. Para su medición se utiliza frecuentemente el término dosis letal media (LD50), que representa la cantidad de sustancia que causa la muerte del 50 % de los individuos en un grupo experimental.
La LD50 se expresa comúnmente en términos de miligramos de sustancia por kilogramo de peso corporal (mg/kg), permitiendo una comparación estandarizada entre diferentes organismos y sustancias.
Hablando de medicamentos, no solo tenemos que referirnos a la dosis letal como medida de incidencias de salud relacionadas con estos, sino que hay que tener en cuenta qué paciente es el adecuado para tratarse con cada uno. Un bebé no toma los mismos medicamentos que un niño. Ni un niño los mismos que un adulto. No solo varía la concentración de medicamento por el peso del paciente, también influye la composición corporal. La principal diferencia en la composición corporal entre bebés y adultos es el mayor contenido de agua en los bebés (cerca del 75 % frente a 60 % en los adultos) y la menor proporción de grasa y músculo.
Pero también es importante la etnia o ascendencia geográfica del paciente:
Según la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) existen variaciones interétnicas dramáticas en la incidencia estimada de agranulocitosis como respuesta al uso de metamizol (desde uno de cada 2.000 pacientes hasta menos de 1,1 por millón) que podrían indicar que "el potencial de producir agranulocitosis podría estar asociado a las características genéticas de ciertas poblaciones". Así se ha prohibido la dispensación de este medicamento, tan utilizado en España, en países con una mayor susceptibilidad como Reino Unido, Irlanda y los países escandinavos.
El estudio de las diferencias genéticas en la respuesta a los fármacos recibe el nombre de farmacogenética. Debido a su composición genética, algunas personas procesan (metabolizan) los fármacos de forma lenta. En consecuencia, un fármaco puede acumularse en el organismo y causar toxicidad. Otras personas metabolizan los fármacos tan rápido que, después de tomar una dosis habitual, los niveles de ese fármaco en sangre nunca llegan a ser lo bastante altos como para que resulte eficaz.
Algunas personas de ascendencia africana o afroamericana tienen un déficit de una enzima que metaboliza ciertos medicamentos y hace que se acumulen, aumentando los efectos secundarios. Así, algunos fármacos como la cloroquina y la primaquina, utilizadas en el tratamiento de la malaria, destruyen los glóbulos rojos y dan lugar a una anemia hemolítica.
Tenemos muchos más ejemplos con otros medicamentos como los relajantes musculares y otras etnias como las orientales.
De este modo, vemos que no todos los medicamentos se pueden utilizar en todas las edades ni en todas las ascendencias geográficas por igual.
Pero en este mundo tan globalizado nos encontramos con otro problema: el mismo medicamento tiene distinta concentración en los distintos países. Así el paracetamol en jarabe en Colombia se fabrica en una concentración de 30 mg por ml, mientras que en España la concentración es de 100 mg por ml. Así nos hemos encontrado niños con una intoxicación grave por paracetamol al haberles suministrado la misma dosis de jarabe que tomaban en su país, y por tanto una cantidad más de tres veces superior a la adecuada.
Otros riesgos de los medicamentos surgen cuando no se observa la caducidad. La mayoría de ellos, al caducar dejan de ser activos, pero algunos de uso muy habitual se degradan convirtiéndose en otra sustancia que puede producir efectos muy graves. El mismo paracetamol, pasado un tiempo de su fecha de caducidad, puede llegar a producir daños hepáticos irreversibles.
Y para terminar, la propia definición del medicamento incluye que todos ellos tienen una acción y unos efectos secundarios. La autorización de un medicamento evalúa si esos efectos beneficiosos superan a los efectos secundarios, para ponerlo o no a disposición de los pacientes. Además, los profesionales de la salud comunicamos a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) la existencia de nuevos efectos secundarios que pueden surgir cuando el medicamento ya es utilizado por muchos pacientes, y se reevalúa si sigue siendo válido o se retira.
En conclusión, los medicamentos están en la oficina de farmacia porque el farmacéutico es el experto en el medicamento y él va a ser el último filtro para evitar que usted tenga problemas de salud debidos a su tratamiento. Así que ya sabe, en caso de duda, consulte y confíe en su farmacéutico.
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